Buenas noches,
Que
vulgares suenan todas las palabras cuando intento escribir[te]. La fluidez se
pierde en cada lágrima que sale de noche y se constriñe de día. La pasión acumulada
es peor que un orgasmo ahogado en llantos. Te escribí noches felices pensando
en amarte loca, nunca me fije en si las metáforas rimaban o si tenían sentido. Solo
quería que supieras que me había enamorado de ti; de tus chistes malos y la
forma en que roncas. Que me había enamorado de cada cana e historia de tu
pasado. Quería, que supieras que tu cuerpo encajaba perfectamente con el mío
incluso a pesar de nuestra diferencia de estatura.
Me
siento bella. Me volví a encontrar con mi lado peligroso, mi lado retórico y de
violencia sexual. Me he vuelto a sentir deseada pero, no por él hombre que
deseo. Dice Bataille que el erotismo de los corazones es la transgresión para
la muerte. Es la pasión de los amantes la que prolonga la fusión del ser; la
fusión de los cuerpos. Pero para quien está más afectado por ella, la pasión
puede tener un sentido más violento que el deseo de los cuerpos. Y es ésta mi
lamentable situación, pase de sentir la maravillosa continuidad que provocabas
en mi ser para volver a mi estado discontinuo a través de la violencia.
Eres
filósofo, léeme como tal. Entiéndeme así, porque sabes que si hablo del ser
hablo de algo más allá de nosotros.
No
duermo decifrando[me], tratando de encontrar el error en el que nuestros cuerpos
fueron violentados en este tenor. Diariamente sueño con tu cuerpo encontrando
la continuidad con ella[s] y despierto más herida que el día anterior. Soy el
dolor de mi vida, la prolongación de quererte ingenua.
No
puedo concebirte como villano. No puedo creerte como el encantador sin moral,
no puedo; no quiero. Eres el hombre de los chistes malos, el de la sonrisa
cuando duerme, el cashi sin querer que prometió quedarse.
Así
que la del error debo ser yo.
Y
eso me está matando en vida.
Por
favor dame respuestas. Las necesito.